Fachada Plaza Circular
Renovación de una fachada protegida sin alterar su identidad
SUSTITUCIÓN DE VIDRIOS EN MURO CORTINA
En pleno centro de Bilbao, junto a la estación de Abando y en el encuentro de la Plaza Circular con las calles Músico Ledesma y Buenos Aires, se encuentra el edificio Don Diego López de Haro, uno de los conjuntos contemporáneos más reconocibles de este entorno de la ciudad. Su fachada, construida a partir de una retícula de grandes paños de vidrio que envuelve el edificio y acompaña sus diferentes retranqueos, define una imagen arquitectónica singular que forma parte del paisaje urbano de la plaza.
El paso del tiempo había dejado huella en esta envolvente. Los vidrios presentaban un avanzado proceso de deterioro provocado por la exposición continuada a la lluvia y a las condiciones ambientales, comprometiendo su conservación y haciendo necesaria su renovación.
La intervención se plantea desde el respeto a aquello que ya existía: sustituir la piel deteriorada sin transformar la imagen que hace reconocible al edificio.
Al tratarse de un inmueble sometido a protección, la actuación mantiene la composición, proporciones y lectura original de la fachada, actualizando sus prestaciones sin introducir una nueva expresión arquitectónica.
La nueva envolvente conserva la retícula ortogonal y la presencia continua del vidrio que caracteriza al edificio, pero incorpora nuevos acristalamientos de seguridad con mejores prestaciones térmicas y de control solar.
La solución se adapta además a la orientación de cada fachada: hacia el sur, donde la incidencia solar es mayor, se emplean vidrios con un mayor control de la radiación, mientras que en las orientaciones norte y este se favorece una mayor entrada de luz natural.
«Una misma fachada que responde de manera diferente a cada orientación para mejorar el confort de quienes habitan el edificio.»
La renovación se completa con la actualización de los elementos de seguridad y mantenimiento de la envolvente, incorporando nuevas líneas de vida y recuperando los elementos metálicos que forman parte de ella.
El resultado es una fachada que recupera su presencia original y mejora su comportamiento, demostrando que renovar también puede significar conservar: devolver al edificio su imagen, su carácter y su relación con la ciudad, preparados para seguir formando parte de ella.