Caserío Pagai Goikoa

Rehabilitación de una arquitectura vinculada al territorio

UN NUEVO USO PARA UN CASERÍO TRADICIONAL

Este caserío tradicional, objeto de proyecto, está situado en el entorno rural de Muxika, al pie del puerto de Autzagane y dentro del ámbito de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai. Una construcción vinculada históricamente a la vida doméstica y agrícola del territorio, cuya estructura de madera, muros de mampostería y cubierta a tres aguas conservaban en buen estado los principales rasgos de su arquitectura original.

Año2007
LocalizaciónMuxika
EstadoFinalizado
Superficie (m²)750
ClientePrivado

Más que transformar el edificio, la intervención busca recuperar su carácter y adaptarlo a una nueva forma de habitarlo. Para ello, se mantiene íntegramente la estructura existente y se conserva la volumetría original, respetando las cotas de alero y cumbrera y sin incrementar su superficie.

La actuación se concentra en el interior y en la apertura de los huecos necesarios para introducir el nuevo programa, haciendo compatible la arquitectura tradicional con las exigencias de un nuevo uso como casa rural.

Una nueva distribución para los futuros huéspedes.

En el interior, la antigua organización del caserío da paso a una distribución pensada para acoger a sus huéspedes. La planta baja reúne los espacios comunes, como hall, cocina, comedor, salita y aseo, mientras que la planta primera incorpora seis habitaciones con sus correspondientes baños, un salón y espacios de distribución, además de un gran comedor para la organización de eventos y bodas. La intervención consigue así que una construcción concebida para una forma de vida completamente distinta pueda asumir hoy una nueva función sin perder su esencia.

Una intervención contenida, en la que lo nuevo se adapta a lo existente en lugar de sustituirlo.

Uno de los principales valores del proyecto reside en hacer visible aquello que ya formaba parte del edificio. En planta baja, los muros originales de mampostería se recuperan y permanecen vistos, mientras que en la fachada se pone nuevamente en valor el entramado de madera del caserío, dejando que sus elementos constructivos recuperen protagonismo. La apertura de nuevos huecos se integra en esta lectura, buscando que las nuevas necesidades no borren la composición tradicional, sino que formen parte de ella.

El caserío mantiene su escala, su estructura y sus principales elementos arquitectónicos, adquiriendo una nueva vida como espacio de alojamiento. Una rehabilitación que entiende el patrimonio no como algo estático, sino como una arquitectura capaz de seguir siendo utilizada, habitada y reconocida con el paso del tiempo.

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