Centro de Salud de Laguardia
Un centro de salud que recupera y conecta el entorno del Casco Histórico
NUEVO CENTRO DE SALUD Y REGENERACIÓN URBANA
El proyecto para el nuevo Centro de Salud de Laguardia nace de una condición muy concreta: dar una nueva vida a un ámbito actualmente degradado y convertirlo en una pieza capaz de coser diferentes partes del municipio. La parcela, objeto de actuación, se sitúa en el Área de “La Barbacana”, en el borde del Casco Histórico, que hasta ahora permanecía sin urbanizar, y sobre la que se encuentra una estructura de garajes enterrados.
Más que ocupar un vacío, la propuesta entiende este lugar como una oportunidad para reconstruir una relación entre ciudad y patrimonio. Por otro lado, el nuevo Centro sanitario se plantea como una pieza de transición entre el tejido urbano contemporáneo y el Casco Histórico de Laguardia, capaz de acoger una nueva actividad sin renunciar a la memoria histórica y espacial del lugar.
La propia parcela de “La Barbacana” establece los primeros condicionantes del proyecto.
Bajo la parcela, se encontraba una edificación de cuatro plantas de garaje cuya posición determinaba la implantación del nuevo edificio. A ello se suma una topografía marcada por las diferencias de cota entre la parcela, la Plaza de La Barbacana y el Casco Histórico. Lejos de entender estos condicionantes como límites, la propuesta los convierte en parte de su arquitectura: el edificio se adapta a la construcción existente bajo rasante y la urbanización reconstruye las conexiones que hasta ahora permanecían interrumpidas.
«Nuestra intervención va más allá de la edificación del nuevo Centro de Salud, ya que recoge también la urbanización integral de la parcela “La Barbacana”, con sus accesos y perímetro. Todo ello plantea así una oportunidad para la regeneración urbana del ámbito, además de que contribuye a recuperar la calidad ambiental del entorno en el que se sitúa.»
La urbanización del área “La Barbacana” se concibe como una prolongación natural del espacio público existente, recuperando una parcela hasta entonces degradada y devolviéndola a la vida cotidiana del municipio. El proyecto urbanístico comienza dando continuidad al Paseo de La Cigüeña, recuperando su vía peatonal histórica desde la Plaza de La Barbacana hacia el Casco Histórico, y que además prolonga el espacio público de la propia plaza hasta el nuevo centro sanitario. Un recorrido peatonal salva las diferencias de cota entre la nueva urbanización y el centro histórico, mediante unas escaleras en material pétreo acordes al entorno, de manera que quedan totalmente integradas.
Siguiendo con el plan urbanístico, los recorridos peatonales y rodados se reorganizan para construir y garantizar una conexión clara entre la calle Barbacana y la Plaza de la Barbacana. Un nuevo vial proyectado atraviesa la parcela en sentido noreste–suroeste, conectando la cota de acceso con la plaza, al tiempo que organiza los accesos al centro, el aparcamiento y el área reservada para ambulancias.
Frente al vial, los pasos peatonales se plantean como una continuidad del espacio público, utilizando materiales y soluciones que permiten que la nueva urbanización no se perciba como un límite, sino como una extensión natural de la plaza. Para garantizar la continuidad y la integración tanto visual como funcional del conjunto, se ha previsto la utilización de un pavimento uniforme, idéntico al existente. En el caso del vial rodado, este se diferencia mediante un tratamiento compatible, que permite su identificación sin romper la continuidad del ámbito.
Con el objetivo de seguir aportando continuidad visual y armonía a la intervención, y reforzar su relación con la arquitectura histórica protegida del lugar, se propuso prolongar el muro de piedra existente en el área. El uso continuado de la piedra refuerza la integración de la nueva urbanización con el tejido urbano preexistente, aportando unidad al conjunto y respetando la identidad histórica del entorno. Además, la disposición del muro contribuye a delimitar claramente los distintos espacios y a organizar la circulación peatonal y vehicular de forma ordenada y comprensible.
En la actuación, la topografía ha adquirido un papel protagonista, considerando que el Casco Histórico presentaba una diferencia de cota aproximada de 7 metros respecto a la rasante de la parcela.
Allí donde las diferencias de nivel impiden resolver el recorrido mediante una conexión convencional, el proyecto incorpora nuevas relaciones verticales. Una pasarela elevada conecta la cubierta del edificio con la calle Capuchinos y la Plaza de La Cárcel, vinculándose además con un ascensor público. De este modo, el nuevo centro de salud queda conectado con el Casco Histórico a través de un recorrido accesible y directo, especialmente relevante para un equipamiento destinado a atender a personas con necesidades diversas de movilidad.
«El plan urbanístico realizado no se trata únicamente del entorno para un nuevo centro de salud en Laguardia: es la recuperación de una parte de Laguardia que vuelve a formar parte de sus recorridos cotidianos».
Sobre esta estructura urbana, se posa el nuevo Centro de Salud de Laguardia. Su volumetría responde tanto al programa sanitario como a la necesidad de convivir con la escala del Casco Histórico. El edificio se organiza en tres alturas de ocupación progresivamente decreciente, adaptándose a la geometría de la parcela y a la estructura existente bajo rasante. Esta reducción escalonada permite liberar parte del suelo, disminuir la presencia del volumen desde las cotas superiores y reservar espacios para posibles crecimientos futuros.
La arquitectura adopta una configuración en forma de L, que abraza un espacio exterior orientado al sureste y sitúa en él el acceso principal. Antes de entrar, el edificio ofrece un primer espacio de acogida: una zona exterior cubierta que protege del sol y de la lluvia y que se prolonga mediante una pérgola a lo largo de las fachadas este y sur de la planta baja. El acceso deja de ser simplemente una puerta y se convierte en un lugar de transición, un umbral entre el espacio público y el interior del centro.
Esta pieza cubierta acompaña también el acceso de las ambulancias, proporcionando un espacio protegido para la llegada y transferencia de pacientes. La relación entre exterior e interior se construye así de forma gradual, buscando que el edificio sanitario se perciba más como un lugar próximo y acogedor que como una infraestructura institucional.
La materialidad del edificio también continúa la voluntad de integración del proyecto en el paisaje del casco histórico.
La piedra y el acero corten construyen una envolvente vinculada cromáticamente con el entorno de Laguardia: los tonos ocres y terrosos del conjunto dialogan con la piedra existente y permiten introducir una arquitectura contemporánea sin romper la continuidad del paisaje urbano. La prolongación del muro pétreo y la utilización de estos materiales establecen una conversación directa con el Casco Histórico, haciendo que el edificio encuentre su lugar sin necesidad de imitarlo.
En la fachada sur, una segunda piel introduce una dimensión más ambiental al proyecto. Además de construir profundidad y proteger el edificio de la radiación solar, este sistema funciona como una estrategia pasiva de control climático, favoreciendo la iluminación y ventilación natural y reduciendo la demanda energética.
En el interior del centro, la arquitectura se organiza a partir de una premisa sencilla: que el edificio sanitario pueda entenderse con facilidad y sentirse cómodo desde el primer momento. El acceso conduce a un vestíbulo amplio y a doble altura que concentra las principales referencias del edificio. Desde este espacio se reconocen la atención al público, la sala de espera y el núcleo principal de comunicación vertical, construyendo una primera lectura clara del conjunto.
Planta baja: áreas de mayor relación con el usuario.
Junto al acceso de la planta baja, se sitúan la atención al público y el área administrativa, mientras que la sala de espera principal ocupa una posición central y se relaciona directamente con las consultas de medicina familiar, fisioterapia y los espacios polivalentes. La circulación se organiza para que el usuario encuentre el camino de manera intuitiva, evitando recorridos innecesarios y reduciendo los cruces entre diferentes tipos de actividad.
En esta misma planta se sitúa el área de medicina familiar, organizada mediante consultas contiguas que permiten una relación flexible entre ellas. El Punto de Atención Continuada comparte estos espacios y dispone junto a ellos de sus áreas de descanso, situadas en una zona más reservada del edificio para garantizar la privacidad y el descanso del personal sanitario.
En el extremo norte se ubican fisioterapia y otros espacios asistenciales próximos al acceso, mientras que las áreas de apoyo, almacenes, limpieza e instalaciones se concentran en las zonas de servicio, con conexiones independientes con el exterior que permiten gestionar suministros y residuos sin interferir en los recorridos principales.
El programa asistencial se completa en la primera planta.
Aquí se reúnen las consultas polivalentes, pediatría y optometría, junto con una sala de actividades grupales concebida como un espacio amplio y luminoso. La zona de pediatría introduce una atención especial al usuario infantil, incorporando consultas comunicadas, una sala de espera propia, área de juegos, espacio para carritos y sala de lactancia. El diseño busca que esta parte del centro responda a una escala diferente, más próxima y amable para sus usuarios.
Las salas polivalentes se organizan alrededor de sus propias áreas de espera, permitiendo establecer ámbitos independientes y preservar la privacidad. En los extremos de esta planta aparecen además espacios exteriores de cubierta plana que, lejos de ser superficies residuales, se entienden como reservas de futuro: lugares preparados para que el edificio pueda crecer si las necesidades del centro cambian con el tiempo.
Una última planta reservada exclusivamente para el personal sanitario.
Vestuarios, sala de descanso y sala de reuniones se organizan en un ámbito más privado, como es la segunda planta, separado de los recorridos públicos mediante el núcleo de comunicación secundaria. La posición de estos espacios y sus condiciones de iluminación natural buscan ofrecer un lugar de pausa dentro de un edificio dedicado al cuidado de los demás.
La diferenciación entre recorridos públicos y profesionales se mantiene en todo el edificio. Dos núcleos verticales permiten sectorizar las circulaciones, mejorar el funcionamiento cotidiano y garantizar las condiciones de seguridad y evacuación. Al mismo tiempo, el núcleo principal, junto al vestíbulo, mantiene una lectura sencilla para el usuario, mientras que el segundo núcleo responde a las necesidades más específicas del funcionamiento interno.
En el diseño de los espacios interiores del edificio, los materiales se han seleccionado conforme a los criterios establecidos en la guía visual de Osakidetza, priorizando la durabilidad, facilidad de mantenimiento, confort ambiental y la humanización de los espacios asistenciales. Las superficies combinan tonos neutros con revestimientos puntuales, elementos de madera y celosías que ayudan a filtrar visualmente los espacios y a integrar la señalética.
Los pavimentos resistentes y de fácil mantenimiento incorporan acabados con apariencia de madera en las áreas de atención y trabajo, aportando calidez, mientras que las variaciones cromáticas ayudan a diferenciar las zonas de espera y facilitan la orientación. Los techos registrables incorporan soluciones acústicas y materiales fonoabsorbentes, reduciendo el ruido en los espacios de mayor permanencia.
La iluminación cálida y controlada, el acondicionamiento acústico y la incorporación puntual de elementos naturales contribuyen a crear espacios menos institucionales y más próximos, pensados tanto para quienes acuden al centro como para quienes trabajan en él.
Esta búsqueda de confort se extiende también al funcionamiento invisible del edificio. La estrategia energética integra producción fotovoltaica para autoconsumo, aerotermia para la producción de agua caliente, recuperación de energía en ventilación y ascensores, iluminación LED y sistemas inteligentes de control. Un sistema centralizado permite supervisar las principales instalaciones y ajustar su funcionamiento a las necesidades reales del edificio.
La reducción del consumo de agua, la recuperación de calor y la producción de energía renovable completan una estrategia concebida desde el principio y no añadida como una capa posterior. El edificio busca consumir menos, aprovechar mejor sus recursos y responder de manera más precisa a las condiciones de cada momento.
El nuevo Centro de Salud de Laguardia se entiende como algo más que un edificio sanitario. Una intervención que empieza en la ciudad y termina en el detalle de una arquitectura que cuida a quienes la utilizan, pero también cuida el lugar que la recibe.