Polideportivo Urgozo

Madera, topografía y transparencia que integran el deporte y el espacio público en un nuevo equipamiento para Amorebieta

EQUIPAMIENTO DEPORTIVO INTEGRADO EN LA TOPOGRAFÍA

En la parte noreste del sector Betarragane en Amorebieta, la topografía de la parcela y su relación con el tejido urbano definen la arquitectura del nuevo equipamiento deportivo. La construcción se levanta sin imponerse sobre el terreno, adaptándose a sus pendientes y encontrando en ellas una oportunidad de construir una arquitectura integrada en el lugar.

Año2026
LocalizaciónAmorebieta
EstadoEn construcción
Superficie (m²)3.575
ClienteAyuntamiento de Amorebieta-Etxano

Proponemos dos volúmenes independientes, vinculados interiormente para funcionar como un único edificio.

El mayor acoge la pista de baloncesto; el segundo reúne los usos más polivalentes, destinados a actividades como la danza, las artes marciales y diferentes programas deportivos y culturales. Dos piezas con identidad propia que, juntas, construyen un nuevo equipamiento para la comunidad.

La adaptación a la topografía del lugar permite que el edificio se desarrolle semienterrado en sus dos ejes, reduciendo su presencia sobre el entorno y haciendo que sus diferentes accesos aparezcan de manera natural a distintas cotas. El desnivel deja así de ser una dificultad para convertirse en un elemento parte del proyecto.

Esta condición topográfica genera dos entradas principales, cada una asociada a uno de los volúmenes. En el acceso a la zona de baloncesto en el primer volumen, una gran plaza pública cubierta acompaña la llegada al edificio. Protegida de la lluvia y del viento, equipada con bancos y aparcabicis, esta plaza funciona como un espacio de transición entre la ciudad y el equipamiento. Desde ella, el recorrido conduce hacia un gran hall desde el que, casi de manera inmediata, se descubre el interior de la pista.

En el segundo volumen, una plaza de menor escala acompaña el acceso a los espacios polivalentes y se adapta progresivamente a la pendiente hasta alcanzar las diferentes cotas del edificio. Entre ambos accesos, una nueva urbanización resuelve las conexiones peatonales y construye una relación continua entre el equipamiento y el espacio público que lo rodea.

La arquitectura interior se organiza a partir de esta misma idea de conexión entre volúmenes. En el volumen principal, el gran hall se convierte en el centro de la experiencia del espectador: desde él se contempla la totalidad de la pista y se accede a unas gradas dispuestas en forma de U alrededor del campo. Las gradas fijas y telescópicas permiten adaptar el espacio a las diferentes necesidades de uso, alcanzando una capacidad de hasta 892 espectadores sentados.

El edificio no se concibe únicamente para acoger el deporte de alto nivel. Bajo las gradas se despliega toda una infraestructura destinada a deportistas y equipos técnicos, con vestuarios, enfermería, almacenes y espacios de apoyo. El campo principal responde a las exigencias de la categoría LEB Plata y a los criterios establecidos por la FIBA, convirtiendo el pabellón en un espacio preparado tanto para la práctica deportiva cotidiana como para la competición profesional.

Al mismo tiempo, el polideportivo se plantea como un equipamiento de uso municipal capaz de acoger diferentes tipos de eventos, más allá de la actividad deportiva, como conciertos, espectáculos y otros actos de gran afluencia. Esta condición requiere una organización del edificio que garantice la seguridad, la protección y la correcta evacuación de los usuarios incluso en situaciones de alta ocupación, reforzando su carácter versátil y su capacidad para adaptarse a distintas necesidades del municipio.

El volumen anexo amplía esta vocación con una escala diferente. Sus salas polivalentes permiten acoger ensayos de baile, artes marciales, gimnasia y otras actividades, configurando un espacio más flexible que complementa al gran pabellón y amplía las posibilidades de uso de todo el conjunto.

La materialidad combina solidez y ligereza, reforzando esta dualidad que define todo el proyecto.

La estructura del conjunto, que combina hormigón y madera, se completa con los grandes pórticos de madera laminada de ambos volúmenes. En el interior, esta estructura permanece vista y forma un auténtico costillar de pilares y cerchas de madera que acompaña el espacio deportivo y le proporciona una escala propia.

Frente a la calidez orgánica de la madera, el vidrio introduce transparencia. Las fachadas de muro cortina permiten que el edificio se abra visualmente hacia su entorno exterior, mientras que las divisiones acristaladas entre las diferentes áreas deportivas favorecen la relación entre los usos. Estos materiales transparentes desdibujan los límites entre los espacios interiores, así como su relación con el exterior, en la que la arquitectura se experimenta más allá de lo puramente visual.

Las cubiertas de paneles de chapa, combinadas con elementos traslúcidos de policarbonato, permiten introducir luz natural en el interior controlando los deslumbramientos sobre la pista. La luz, la madera y el vidrio construyen así una atmósfera que equilibra la escala propia de un gran equipamiento deportivo con una arquitectura más cercana y permeable.

Urgozo entiende el deporte como parte de la vida urbana: un lugar de encuentro donde la arquitectura conecta la actividad, el espacio público y la ciudad.

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